HISTORIA
El
Capricho es el nombre con el que se conoce a la Villa Quijano, un
chalet de verano ubicado en Comillas (Cantabria). Esta obra fue un
encargo que Máximo Díaz de Quijano, un indiano natural de la
localidad, le encomendó a Antoni Gaudí. Tras haber amasado una
fortuna en las Américas, Máximo regresó a Cantabria en la segunda
mitad del siglo XIX. Al llegar se encontró con una enorme mansión
que su concuñado, Antonio López y López, había mandado construir.
Su pariente no era otro que el primer Marqués de Comillas y el
espléndido edificio, el Palacio de Sobrellano. De hecho, Gaudí
había colaborado con Joan Martorell en el diseño de su capilla. El
Marqués pudo contar con estos afamados arquitectos catalanes porque
estaba casado con la hija de Eusebi Güell,
el principal mecenas de Gaudí. Díaz de Quijano no quiso ser menos,
así que aprovechó la situación y se puso en contacto con este
último para hacerse una vivienda junto a la del aristócrata.
El
Capricho se levantó entre los años 1883 y 1885, pero no se sabe con
certeza si alguna vez Gaudí pisó Comillas para supervisar su
construcción. Lo único seguro es que el arquitecto dejó unos
planos y unas maquetas perfectamente detallados. Fue su compañero de
promoción, Cristóbal Cascante, quien dirigió el proyecto a pie de
obra. Desgraciadamente, Máximo falleció al poco tiempo de haberse
completado. El hombre era soltero, por lo que tras su muerte el
Capricho fue pasando de mano en mano y se fue descuidando. Después
de la Guerra Civil ya se encontraba en estado de total abandono. A
pesar de ello, en 1969 fue declarado Bien de Interés Cultural.
Finalmente, el último descendiente de los López Díaz de Quijano
vendió el edificio en 1977 a un empresario torrelaveguense que
decidió rehabilitarlo. Fue utilizado como restaurante desde ese
momento hasta 1992, año en que lo compró un grupo japonés.
Actualmente está abierto al público tanto para visitas guiadas como
libres.
VISITA
Antes
de entrar al edificio conviene que observemos su magnífica fachada.
La gran cantidad de detalles deja claro que estamos ante una obra de
Antoni Gaudí. Por ejemplo, cinco cenefas la recorren a modo de
pentagrama, ya que la música era una de las grandes aficiones de
Máximo. También destacan las barandillas, en las que aparecen
talladas distintas figuras: claves de sol, semicorcheas, tresillos...
La
planta del edificio tiene forma de “U” y la entrada principal se
sitúa en la esquina noroeste. Es allí donde comienza nuestra
visita. Un pórtico con dos anchas columnas, rematadas con unos
capiteles vistosamente decorados, nos da la bienvenida. A través de
él accedemos al vestíbulo, situado justo bajo una torre minarete.
La existencia de esta es una buena muestra del gusto por lo árabe
que Gaudí plasmó en esta obra. El recibidor es hexagonal y da paso
al resto de habitaciones. A la derecha se encuentra una pequeña sala
de juegos. En cambio, si seguimos por la izquierda llegamos al salón,
que con su doble altura divide el desván del piso superior en dos.
Los ventanales de esta sala se abren a unos balcones de hierro
forjado muy peculiares, ya que funcionan al mismo tiempo como bancos
para disfrutar de las vistas.
A
continuación pasamos por un pequeño cuarto de baño y finalmente
llegamos al dormitorio, justo en la punta opuesta a la entrada. Es
incluso de mayor tamaño que el salón, muestra de que para Gaudí
era más importante el uso personal de la casa que la ostentación.
Dos vidrieras se encargan de dejar pasar la luz. De acuerdo con el
gusto del propietario, en ellas se aprecian diversos motivos
relacionados con los animales y la música. Por último está el
invernadero, que se encuentra recogido en el interior de la “U” y
protegido por tanto del viento del norte. Es el espacio más grande
del chalet, pensado para que Díaz de Quijano pudiera cultivar sus
plantas traídas de América. A él accedemos por la sala de juegos y
destaca tanto por sus paredes acristaladas como por su luminosidad.
Dentro de la vivienda hay además dos escaleras de caracol, situadas
en los extremos de la “U”. Estas permiten subir al desván,
destinado al personal de servicio, pero también bajar al sótano,
donde están la cocina y la despensa. Sin embargo, estas zonas no
están abiertas al público.
CÓMO
LLEGAR
Para
ir a Comillas desde Torrelavega basta con que tomemos la autovía
A-8. Tras recorrer unos veinte kilómetros cogemos la regional CA-135
en dirección a Cabezón de la Sal, que se dirige directamente a
Comillas. No es difícil dar con la obra de Gaudí una vez allí.
Primero dejamos atrás el camping y nos adentramos en el centro
histórico, a través de la calle Calvo Sotelo, hasta llegar a la
Plaza Corro de San Pedro. Ahora tan solo hay que rodearla y pasar por
detrás del Ayuntamiento, de forma que nos encontremos con un cruce
de caminos. En este punto nos vamos por la salida de la izquierda, el
Paseo de Estrada. Continuamos en línea recta hasta el primer desvío
a la derecha, que nos deja en la misma entrada de El Capricho. Sin
embargo, es importante tener en cuenta que la finca no dispone de un
aparcamiento reservado para los visitantes. Recomendamos por tanto
dejar el coche en el más cercano, ubicado en la avenida Marqués de
Comillas.
Para más información, visite la página web oficial de la organización aquí
