martes, 12 de septiembre de 2017

El Capricho de Gaudí


HISTORIA

El Capricho es el nombre con el que se conoce a la Villa Quijano, un chalet de verano ubicado en Comillas (Cantabria). Esta obra fue un encargo que Máximo Díaz de Quijano, un indiano natural de la localidad, le encomendó a Antoni Gaudí. Tras haber amasado una fortuna en las Américas, Máximo regresó a Cantabria en la segunda mitad del siglo XIX. Al llegar se encontró con una enorme mansión que su concuñado, Antonio López y López, había mandado construir. Su pariente no era otro que el primer Marqués de Comillas y el espléndido edificio, el Palacio de Sobrellano. De hecho, Gaudí había colaborado con Joan Martorell en el diseño de su capilla. El Marqués pudo contar con estos afamados arquitectos catalanes porque estaba casado con la hija de Eusebi Güell, el principal mecenas de Gaudí. Díaz de Quijano no quiso ser menos, así que aprovechó la situación y se puso en contacto con este último para hacerse una vivienda junto a la del aristócrata.

El Capricho se levantó entre los años 1883 y 1885, pero no se sabe con certeza si alguna vez Gaudí pisó Comillas para supervisar su construcción. Lo único seguro es que el arquitecto dejó unos planos y unas maquetas perfectamente detallados. Fue su compañero de promoción, Cristóbal Cascante, quien dirigió el proyecto a pie de obra. Desgraciadamente, Máximo falleció al poco tiempo de haberse completado. El hombre era soltero, por lo que tras su muerte el Capricho fue pasando de mano en mano y se fue descuidando. Después de la Guerra Civil ya se encontraba en estado de total abandono. A pesar de ello, en 1969 fue declarado Bien de Interés Cultural. Finalmente, el último descendiente de los López Díaz de Quijano vendió el edificio en 1977 a un empresario torrelaveguense que decidió rehabilitarlo. Fue utilizado como restaurante desde ese momento hasta 1992, año en que lo compró un grupo japonés. Actualmente está abierto al público tanto para visitas guiadas como libres.



VISITA

Antes de entrar al edificio conviene que observemos su magnífica fachada. La gran cantidad de detalles deja claro que estamos ante una obra de Antoni Gaudí. Por ejemplo, cinco cenefas la recorren a modo de pentagrama, ya que la música era una de las grandes aficiones de Máximo. También destacan las barandillas, en las que aparecen talladas distintas figuras: claves de sol, semicorcheas, tresillos...

La planta del edificio tiene forma de “U” y la entrada principal se sitúa en la esquina noroeste. Es allí donde comienza nuestra visita. Un pórtico con dos anchas columnas, rematadas con unos capiteles vistosamente decorados, nos da la bienvenida. A través de él accedemos al vestíbulo, situado justo bajo una torre minarete. La existencia de esta es una buena muestra del gusto por lo árabe que Gaudí plasmó en esta obra. El recibidor es hexagonal y da paso al resto de habitaciones. A la derecha se encuentra una pequeña sala de juegos. En cambio, si seguimos por la izquierda llegamos al salón, que con su doble altura divide el desván del piso superior en dos. Los ventanales de esta sala se abren a unos balcones de hierro forjado muy peculiares, ya que funcionan al mismo tiempo como bancos para disfrutar de las vistas.

A continuación pasamos por un pequeño cuarto de baño y finalmente llegamos al dormitorio, justo en la punta opuesta a la entrada. Es incluso de mayor tamaño que el salón, muestra de que para Gaudí era más importante el uso personal de la casa que la ostentación. Dos vidrieras se encargan de dejar pasar la luz. De acuerdo con el gusto del propietario, en ellas se aprecian diversos motivos relacionados con los animales y la música. Por último está el invernadero, que se encuentra recogido en el interior de la “U” y protegido por tanto del viento del norte. Es el espacio más grande del chalet, pensado para que Díaz de Quijano pudiera cultivar sus plantas traídas de América. A él accedemos por la sala de juegos y destaca tanto por sus paredes acristaladas como por su luminosidad. Dentro de la vivienda hay además dos escaleras de caracol, situadas en los extremos de la “U”. Estas permiten subir al desván, destinado al personal de servicio, pero también bajar al sótano, donde están la cocina y la despensa. Sin embargo, estas zonas no están abiertas al público.


CÓMO LLEGAR


Para ir a Comillas desde Torrelavega basta con que tomemos la autovía A-8. Tras recorrer unos veinte kilómetros cogemos la regional CA-135 en dirección a Cabezón de la Sal, que se dirige directamente a Comillas. No es difícil dar con la obra de Gaudí una vez allí. Primero dejamos atrás el camping y nos adentramos en el centro histórico, a través de la calle Calvo Sotelo, hasta llegar a la Plaza Corro de San Pedro. Ahora tan solo hay que rodearla y pasar por detrás del Ayuntamiento, de forma que nos encontremos con un cruce de caminos. En este punto nos vamos por la salida de la izquierda, el Paseo de Estrada. Continuamos en línea recta hasta el primer desvío a la derecha, que nos deja en la misma entrada de El Capricho. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la finca no dispone de un aparcamiento reservado para los visitantes. Recomendamos por tanto dejar el coche en el más cercano, ubicado en la avenida Marqués de Comillas.

Para más información, visite la página web oficial de la organización aquí

El Capricho de Gaudí

HISTORIA El Capricho es el nombre con el que se conoce a la Villa Quijano, un chalet de verano ubicado en Comillas (Cantabria). Es...